
Entre la suavidad y la sutileza de la dulce ironía
Aquel dulce lamento inseparable del placer
Del dolor y el amor, mezclados en la dulce sinfonía
De la vida y la muerte bailando eternamente entrelazados
Del néctar y la hiel del sabor de tus labios
Del frío y el calor que poseen tus manos.
Quiero entrar en aquellos ojos perturbantes
En los cuales sin medirme pierdo la cordura
En los cuales prefiero sufrir lenta y dolorosamente
Que verme privada de su ausencia.
Quiero, deseo y anhelo el sufrimiento
Pido cada noche por el dolor del delicioso tormento
Ya que tu ausencia, tu lejanía, tú distancia
Son aquellas dagas que mi alma despedazan.






