"Tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mí... la idea por la que pueda vivir o morir"."

Sören Kierkegaard

Flashing Graphics

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lunes 30 de abril de 2007

Llegue a mi departamento después una rutinaria y exasperante jornada, en casa, solo me espera mi gato, la mitad de una botella de whisky y una cena recalentada, vaya!!!...que maravillosa forma de terminar el día!!!!

Ahora estoy trabajando en una revista, escribiendo una columna que debo entregar una vez a la semana, para que esta vaya a edición. Es una columna de consejos, donde llegan cartas de mujeres frustradas, solitarias, maniacas depresivas, obsesivas compulsivas y cada escala de locas que leen esta revista y envían sus historias, cada una de ellas tan loca como yo: los más increíble es como tiempo después llegan cartas y mails de agradecimiento; lo cual, honestamente, no me explico, ¿Cómo alguien tan rayado y deprimente como yo puede ayudar a alguien?

La mayor parte de mi tiempo lo dedico a trabajar en mi consulta como terapeuta; otra cosa que definitivamente no me explico es como tengo pacientes (no es que sea malagradecida, porque si no fuera por ellos no tendría como alimentarme ¬¬) no entiendo como me pagan por escuchar sus trancas existenciales, vocacionales y sexuales...aún no tengo idea que hago parada aquí.

Bueno, aquí estoy escuchando a DM y Tori Amos, mientras en una mano tengo un vaso de whisky y en la otra una libreta, donde está naciendo una nueva columna, aquí está una perdida dándole un consejo a otra tan perdida como ella, ¿no creen que eso es lo cómico de la vida? Nadie sabe que es lo que le espera al dar vuelta la página de está revista que es la vida…es una pena que no tenga un índice por donde guiarse.

domingo 29 de abril de 2007

Esta es definitivamente una de aquellas noches que creo que no podré olvidar, creo que estará marcada en mi memoria por el resto de mi existencia, talvez, no es para menos…

Acababa de salir del bar de Tommy, después de haber hecho mi show con la banda, todo había salido bien, había sido una noche normal, o lo que se puede llamar “normal”, creo que no debería catalogarla así, ya que al salir el sol las cosas fueron demasiado diferentes a como comenzó la noche.

Todo empezó lenta y calmadamente, desde el backstage del escenario observe un par de pleitos de ebrios y uno que otro ligue de bar, de esos que pasan y luego se olvidan, entre ellos una pareja de chicos que quieren probar algo nuevo, pero como siempre digo “viva la diversidad”. Bebí un par de whiskys y al escenario mierda!!!!

Tocamos un par de horas con la banda, Alex, en la batería, Hernán con el bajo, Jose con el teclado y yo con la voz y la guitarra. Realmente este fue un show como pocos, nos lucimos de verdad, después de comenzar con canciones que hicieron bailar hasta los muertos que estaban en los baños y las solteronas que estaban en la barra y bailaban entre ellas, seguimos con canciones lentas y del recuerdo, entre ellas, de mis favoritas, “Cristina y los subterráneos” donde saqué a aquella melancólica que llevo dentro, y creo que no solo la saque en mi, ya que entre tanto humo de cigarro pude ver a tantas que se sentían talvez un tanto como yo, pero para que terminar la noche así, entonces fue que con un toque de rock cerramos nuestro Show entre vitoréos. Fue realmente mágico…

Debo admitir que tampoco estuvo tan mal para mi, conocí a un sujeto, bastante atractivo por lo demás, tenía un look clásico, de aquellos que sabiendo arreglar siempre se veía a la moda, vestía bien, usaba un pantalón de tela negro, una camisa negra, con el cuello abierto y una chaqueta de cuero, la verdad se parecía a David Boreanaz en “Angel”. Sujetos así no se encuentran todos los días, simplemente lo miré coquetamente y me fui a sentar a la barra a tomar un cosmopolitan, el resto ya dependía de el.

Al rato después ya estaba ahí, pidió un Martini y yo ya estaba terminando mi bebida, inmediatamente me ofreció algo, pedí lo mismo que el, un Martini, estuvimos conversando mucho, su nombre era Alejandro, pero para sus amigos, cercanos y “amigas” como el decía, lo llamaban Jano; deben haber pasado sus cuatro horas en una constante lluvia de temas; parecía un sujeto sumamente fascinante, de esos que uno piensa no encontrar en un bar después de tocar durante dos horas y donde todos se olvidan de la banda después de un par de copas.

Cuando dieron las cinco de la mañana se despidió, me dio su Teléfono, le dí el mío, pero la verdad nunca más esperé saber de el, como de tantos otros de los cuales nunca más había sabido nada, el se fue, esperé un poco para hacerle compañía a Tommy, pero el me dijo que no me preocupara y que me fuera a dormir un par de horas, que debía hacer algo más que cantar; si, tenía que trabajar.

Tomé mi chaqueta, mi guitarra y mi cartera y salí del bar para dirigirme a mi auto, para llegar a tirarme a mi cama o darme una ducha y fumarme un par de puchos antes del desayuno, ojalá algo de eso hubiese sucedido…

Fue una sensación tan dolorosa, tan larga y desesperante, no podía gritar, ni escapar, no había nada que pudiera hacer, sus brazos eran muy fuertes y aquellas cuerdas de guitarra no solo sirven para tocar, auque ya sabía eso; no sé si debo agradecer que Tomás saliera en ese instante para que el se detuviera y escapara, o debería haber tardado más para simplemente haber muerto, lo único que recuerdo antes de que mis ojos se cerraran era el rostro borroso y la chaqueta de cuero de Jano.

Ahora estoy aquí, postrada en una cama de la clínica, creo que debe ser el efecto de la Morfina lo que me mantiene tan tranquila, y con un tanto de risa, pero la verdad es que ningún sonido sale de mi garganta, o algún sonido que pueda estar catalogado como armónico, solo siento deseos de llorar en este instante, echar todo a la mierda; la verdad solo quiero cantar nuevamente, tomar el micrófono y volver a volar en algún escenario.

Por la ventana puedo ver como Alex, Jose, Hernán y Tommy se dan vuelta de un lado a otro por fuera de la habitación, yo simplemente tengo una venda en mi cuello y una avalancha de ilusiones destruidas; ya no volveré a confiar en los sujetos que vistan chaquetas de cuero y que me inviten un Martini en la barra de un bar.